División: Cap. 2, El derribo



No podía creerlo, en la televisión, en la radio, en todos lados, como si hubiésemos ganado un mundial de fútbol, toda la gente gritaba por las calles, los claxons no paraban de sonar. Helen y yo no quisimos ser menos. En el metro no se cabía, así es que montamos en nuestras bicicletas, y fuimos lentamente cruzando el río Spree. Lo que hoy es Potsdamer Platz, sólo era un descampado, destruida la plaza original del siglo diecinueve, el muro la atravesaba. Ese muro que durante décadas dividió al mundo, hoy sólo era un muro. No eran ladrillos, ni cemento, ni hormigón. Era una filosofía absurda y barata, que costó la vida de mas de cien personas. Tal día como hoy, Esos ladrillos eran materiales, esos alambrados podían retirarse con tranquilidad, y el hormigón parecía robusto, aguantando a miles de personas sobre si. Orgulloso de su compostura, de su construcción, dando muestras de para que debe ser utilizado un componente como tal.

Familias enteras se abrazaban y lloraban juntas, habían estado separadas , incluso algunos miembros, los más jóvenes no se conocían. Todo era una fiesta. Los guardas fronterizos, miraban atónitos, sin saber que decir, ni que hacer. No tenían órdenes algunas sobre abrir o no las puertas, pero ya no las había, todo el mundo pasaba por encima. O permitían eso, o el baño de sangre sería inmediato y catastrófico para un régimen sin sentido, y con fecha de muerte preestablecida.

Estuvimos hasta bien entrada la madrugada, tardamos horas en llegar a las proximidades de la puerta de Brandeburgo, debido a la aglomeración. Bebimos cerveza, Champagne, y todo lo que se puso a nuestro alcance. Veíamos a decenas de Trabans por el oeste de Berlín, una antítesis de la historia reciente en Alemania. Algo inédito e impensable tan solo unas horas antes, pero esa era la realidad, no había marcha atrás.

Nunca antes (o no lo recordaba en ese momento), me acosté con una cara tan sonriente. No pude dormir durante un par de horas, de la excitación que tenía. Cuando conseguí relajarme y abrí los ojos de golpe.

¡¡¡ Nadine !!!

División: Cap. 1, Detrás del muro



(Albert) - Hola, estás ahí?
(Nadine) - Si, pero habla bajo, hoy los guardas están más atentos que nunca. Algo está pasando.
(Albert) - Ya escuché en las noticias. ¿Estas sentada?
(Nadine) - Si, como siempre. De espalda al muro. ¿Y tú?
(Albert) - Claro, desde que llegué. ¿Qué me has traído hoy?
(Nadine) - Bueno, es una sorpresa, te la daré mas tarde.
(Albert) - No empieces, dímelo ya.
(Nadine) - Tendrás que esperar.
(Albert) - Pues al menos dime que llevas puesto.
(Nadine) - Llevo un calcetín de cada color.

- Risas a uno y otro lado.

(Albert) - Yo he roto uno, me sobresale el dedo gordo.
(Nadine) - No puedo creerlo, devuélvemelo y lo coseré.
(Albert) - De acuerdo, espera. Una, dos y tres. Ahí va!!!
(Nadine) - Lo tengo.
(Albert) - ¿Sabes qué? Muchas veces he imaginado como sería nuestro encuentro, y no sabría que haría.
(Nadine) - ¿No sabrías? Yo te besaría.
(Albert) - Si, pero nos conocemos de oídas, apenas tengo un par de fotos tuyas.
(Nadine) - ¿Nunca has conocido a nadie, y de repente da la sensación de que lo conoces de toda la vida?
(Albert) - Si, podría ser parecido.Te besaría según te viese. Te abrazaría con todas mis fuerzas.
(Nadine) - Creo que me daría vergüenza.

- Silencio

(Nadine) - ¿A qué hueles?
(Albert) - Acabo de comer una tarta de arándanos.
(Nadine) - Nunca he probado una tarta así.
(Albert) - Puedo traerte alguna, pero con el golpe, seguro que queda hecha trizas.
(Nadine) - Seguramente. Pero tráeme un trozo pequeño, quiero probarla.
(Albert) - Está bien, creo que queda algo de lo que mi madre me envió.
(Nadine) - ¿Qué cocinarías para mi?
(Albert) - No soy muy hábil en la cocina, creo que compraría algo precocinado.
(Nadine) - ¿Nunca haces nada en casa? ¿Todo lo compras fuera?.
(Albert) - No, a veces si cocino pero comidas livianas.
(Nadine) - Albert, me tengo que ir ya. Tengo clase a las 8.
(Albert) - Vale, quedamos a la misma hora.
(Nadine) - Te mando lo que te traje hoy , ¿de acuerdo? ten cuidado, que puede hacerte daño.
(Albert) - ¿Són tus bragas?
(Nadine) - Si, era para que no hiciesen demasiado ruido. Mira dentro.
(Albert) - Son unas llaves.
(Nadine) - Si de mi casa, quiero que las tengas.
(Albert) - {silencio}
(Nadine) - Buenas noches.
(Albert) - Ten cuidado.

Berlín, veinticinco de enero , de mil novecientos ochenta y seis

Reloj bioilógico



Indignado mi ser se levanta cada mañana, suena el despertador retumbando mi almohada. Es la hora de levantarse. Cinco horas y medio, ¡Ufff que lujo! Una ducha rápida, un café cargado, limpiarse los dientes, guardar el ordenador y camino del trabajo. Puede ser cualquier día del año , de cualquier persona del mundo.

El orden cambia, el contenido también. Podemos ver en grandes ciudades, como toman el café por la calle (me encanta andar saboreándolo). No hay tiempo para nada, hay que solapar actividades.

El trabajo de hace unos años era netamente físico. Un hombre de mediana edad, peludo, comiéndose un plátano, mientras que se rascaba el sobaco (es mi mejor descripción de un mono a éstas horas), entre carga de sacos, arado, ... su cuerpo no necesitaba de su mente, y si ésta hablaba sin que se le preguntara, un tinto o un aguardiente, la dejaba en letargo.

Oh! dorados tiempos para el hombre, diría un poeta. Dorados al sol, silbando despertando a los gallos, mientras los pájaros comienzan a piar.

Hoy en día no terminas de trabajar, no desconectas, tu mente manda, y tu físico es un esclavo que la sigue. Deambula en el letargo mientras que el cerebro hace millones de operaciones por segundos.

Por fin, tienes un día tranquilo, no tienes prisa, ni nada que hacer. No es el día de San Cristobal , en el que 50 camiones festejan su día. No es nada, no es un día, es tu día. Descansar, descansar, descansar, ... es lo último que pensaste la noche anterior.

De repente te despìértas relajado, sin cansancio, miras el reloj, hoy no ha sonado, incluso su tictac suena mas bajo. Pero te das cuenta de que es temprano, no querías madrugar. No tienes nada que hacer, no hay objetivos, no hay café hecho, el gas se ha acabado, pero estás despierto. El gallo aún tiene una cerveza en la mano, y tu ya estas con los ojos como platos. Cinco horas durmiendo y estas en pie.

Amigo, vivimos en un mundo enfermizo, esto es antinatural. Negamos constantemente nuestro evolución de los monos, negamos nuestra condición de animal, tendemos a mecanizarnos y automatizarnos. Quiero liberar mi mente , quiero parar mi reloj biológico.

Hoy es martes, tres de noviembre de dos mil nueve.

Transeúnte



No duermo si no hay luz, cabizbajo camino sin cesar
sin reloj que me marque el ritmo, ni campanas que me sitúen
sin nada más que hacer durante el día, mas que andar
no duermo si hay luz, veo camino por delante
cruzo las vías asfaltadas de la civilización, como un fantasma
las paredes que se encuentra a su paso
nadie ve, nadie siente, a mi solo me queda dolor, no rencor
es una velocidad a la que nunca supe llegar
son costumbres que nunca supe seguir
sin carné de conducir, no cometo infracciones
sin hipotecas, nadie me embarga
he perdido el olfato, por mi fuerte olor
una tela por la cabeza, me protege del sol
ese soy yo, un transeúnte
sin techo, sin responsabilidad
sin comida, sin amor
sin principios, sin fin

Responsabilidad

Éste post viene de un par de conversaciones que he tenido últimamente. Siempre hablamos de la situación tan "mala" en la que se encuentra España. La economía va fatal, nada funciona, y como siempre, el gobierno tiene la culpa. Nos hemos acostumbrado a criticar, tachar, faltar, y sobre todo a rodear lo que no nos conviene, aunque esté fuera de la ley, pero finalmente, seguiremos quejándonos.

El gobierno tiene que .... No a ver, el gobierno pone medidas para que siendo bien utilizadas, se pueda salir de ésta situación. ¿Pero qué hacemos nosotros? Nos aprovechamos de esas medidas de urgencia, para vivir aún mejor, y seguir quejándonos. El trasfondo de éste post no es el de defender la política del actual gobierno, sino el de denunciar la poca o nula responsabilidad que se tiene en éste País por parte de los ciudadanos.

Estamos acostumbrados a tirar papeles, chucherías, cigarrillos ..., todo va al suelo. Si hay subvenciones agrícolas, intentamos cobrarlas aunque no nos correspondan y no las necesitamos. Si hay paro para situaciones muy muy extremas, lo cobro y me compro un coche. Pongo a nombre de mi mujer, la nueva empresa que voy a montar, porque me pagan casi todo. Y así nos va.

España es un país que tiene cientos de años de historia, pero que realmente no tiene mas de 30. Durante los reinados de los Austrias y Borbones, España era una superpotencia, como lo es Hoy Estados Unidos. Pero no era mas que poder militar y economía ficticia, porque estaba entre unos pocos. En el fondo España ha sido rural hasta hace 40 años. La industria ha llegado aquí 2 siglos después que al resto de Europa.

Los métodos y los mecanismos que se crean desde la jefatura del Estado, se tienen que usar con responsabilidad, aquí las subvenciones son como pienso para cerdo. El barro es poco para todo el mundo. Hemos aprendido a vivir del estado, engañarlo, arrasarlo como si fuesen rebajas, cuando es un ente de coordinación. Nosotros elegimos el estado cada cuatro años, para modificar quién lleva el timón, y hacia donde dirigir el barco, pero quienes realmente remamos somos nosotros.

En un negocio familiar, si el padre puede dar trabajo a los hijos, realmente ha hecho una labor tremenda para toda su familia. Pero ninguno de ellos le va a exigir un sueldo desorbitado porque crea, es lo que se debe cobrar. Al estado se lo exigimos, y hay sueldos fuera de la media nacional, muchos. Hago ésta comparación porque creo que el gobierno no es mas que un padre de familia, que busca el bienestar para todos nosotros, pero sin embargo nos aprovechamos todo y mas.

Mientras que no cambie nuestra filosofía, nuestra cultura, nuestra educación, da lo mismo quien gobierne, da igual que moneda tengamos, como estemos regidos ... seremos las mismas lacras y sanguijuelas, y diremos ... "Vaya con el gobierno, que malo es".

Condiciones naturales




Corría el año 1941, en plena guerra africana enfrentando a los aliados Alemanes e Italianos, con el ejército Real Inglés. La Áfrika Korps del general Rommel, hacía estragos en el cada vez mas decadente ejército inglés. El frente de guerra fue retrocediendo desde Argelia hasta llegar a Libia , parecía que los alemanes no tenían Límites. En Europa habíamos invadido con muy poco esfuerzo, a países como Austria, Polonia, Bélgica, Holanda y Francia. Hitler observaba la torre Eiffel, nada se cruzaba a en su camino.

Las condiciones en el desierto no eran tan sencillas, se necesitaba constantemente abastecimiento de suministros desde el mar. Agua, comida, ropa, armamento, ... , los ingleses empezaron a derribar nuestros barcos, y cada vez pasábamos mas hambre. Como decía las condiciones eran durísimas, pero recuerdo una noche por encima del resto. La oscuridad calló y no se veía nada, llevábamos dos días a pie, y no encontramos ningún pueblo de camino, una tormenta de arena hizo el resto. En medio de la nada, empezamos a volar por los aires, y es todo lo que recuerdo.

Al día siguiente desperté aturdido, tenía golpes por todos lados, me sangraba la pierna derecha por lo que me costaba caminar. Mi guarnición estaba repartida por kilómetros cuadrados de arena, semi enterrados en ella, nadie parecía con vida. Mi sorpresa llegó cuando los uniformes no eran sólo alemanes, sino también británicos. Estábamos muy cerca del enemigo. Me estaba levantando después de comprobar si un compañero seguía con vida, cuando note un pinchazo en la espalda. Un soldado inglés me apuntaba desde atrás. Estaba sangrando , con una venda en la cabeza, intentaba sobreponerse, pero ni siquiera podía ver por el ojo derecho, hinchado seguramente por un gran golpe. Teníamos todos los kilómetros del mundo por recorrer. Lo poco que le entendí, es que quería llevarme prisionero para explicar lo sucedido. En las paradas que hacíamos, yo aprovechaba para dormir. Siempre al despertar, lo veía apuntándome con la escopeta.

El sol era agotador, no se podía caminar, hacía mas de un día que comenzamos a andar, y lo poco que pudimos encontrar en buenas condiciones, nos lo habíamos comido y bebido. Encontramos una pequeña montaña que nos daría cobijo para la noche, sin nada que perder me tumbé. Raymond seguía con su misma táctica, apuntándome con su escopeta con aquella sonrisa pícara. Yo me dormí en un suspiro. Sin embargo, Raymond no volvió a despertar.

9 minutos y un par de bostezos



Pasan nueve minutos de la media noche. Y la verdad con Alice in Chains de fondo, es una delicia pasar los últimos momentos del día. A veces puedes pensar que los días son cortos, que no se tiene vida, o que no los disfrutas demasiado. En realidad no sabemos disfrutarla, porque no la aceptamos tal y como es. Creo que hay que entenderla tal y como nos viene, minuto a minuto, aceptar que ese momento es así, disfrutarlo sin rechazar ni esperar que el tiempo pase. Segundo esperado, será añorado más adelante. ¿No os habéis dado cuenta, de que el reloj esta inclinado? Cuando hacemos algo que no nos gusta, cada segundo tiene mas milésimas de las que le corresponde. Son justo las que le faltan cuando estamos entretenidos, y no queremos que nada cambie. Estas con tu pareja haciendo el amor, y no crees que han pasado dos horas. Si estas de viaje, y no ves el día lo suficientemente largo como te gustaría, cuando tienes que regresar al avión, estás tan cansado, que quieres llegar a casa cuanto antes, pero el reloj se gira, y cambia la velocidad de nuestras vidas.

En algún lugar sin que pueda ponerle coordenadas, hay una niña pequeña jugando con un sistema planetario. En el colegio esa misma mañana, le han enseñado que aunque no se conoce a ciencia cierta, se cree que fue habitado por homínidos medianamente avanzados. En algún momento, el equilibrio natural que siempre debió tener, se terminó, por lo que la vida se extinguió en un suspiro. Ella no entiende nada, sólo gira los planetas uno a uno, los empuja para adelante una vez y otra, hasta que cae rendida.

Al igual que nosotros, todo el mundo tiene que dormir, y nunca nos harán girar a una velocidad constante, tendremos altibajos, y sensaciones contradictorias. Sólo necesitamos 9 minutos de desfase lunar, y un par de bostezos al despertar.

Seguidores